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SEVILLA, LA CIUDAD DEL EMBRUJO

Sevilla tiene un color especial. Así reza una canción, y bien es verdad que son muchos los rincones de esta ciudad que además de color poseen un sabor y un ambiente acogedor, único y amigable.

Texto-fotos:Juan Manuel Fernández

Para entender una urbe es importante conocer sus orígenes, pero con la “Perla del Guadalquivir” es tarea difícil, ya que estos son muy confusos y están basados en diversas leyendas. Lo que está más aceptado es que fue fundada por Hércules, el cual se la cedió a su hijo Hispano, primera referencia a que la metrópoli adoptara el término de Hispalis.

El famoso tapeo se halla presente en cualquiera de sus bares o restaurantes

Sin pretender mencionar a todos los pueblos que la habitaron, es necesario indicar que en el año 1091 aconteció una invasión de los almorávides y con posterioridad otra de los almohades. Fue en esa época cuando se construyeron dos de los símbolos de la ciudad, la Torre del Oro y la Mezquita Mayor, de la que solo se conserva la actual Giralda.

Revista Fetén

El carácter de Sevilla también se vio marcado por ser capital del reino, siendo la culpable de este nombramiento la aristocracia castellana que residió en ella. 

Tras el descubrimiento de América en 1492, Sevilla se convirtió en el centro económico del imperio español, creando todo tipo de negocios que monopolizaron el comercio con América.

Es mundialmente conocida y una de las ciudades más reclamadas por el turismo, pero al mismo tiempo es una gran desconocida. Famosísimos y visitados son el Alcázar -uno de los palacios reales más antiguos del mundo-; la Catedral, con su otrora alminar -la Giralda- y su patio de los Naranjos; la Torre del Oro; el Archivo de Indias; la calle Sierpes; el Ayuntamiento y el Parque de María Luisa. Pero existen multitud de rincones en los distintos barrios que son dignos de conocerlos y saborearlos con su ambiente habitual.

Pasear por sus calles, descubrir sus recovecos, pero sobre todo poder hacerlo con la luz del ocaso. Es en ese justo momento cuando la ciudad se transforma y se cubre de un embrujo fascinante. Si a esto sumamos el embriagador aroma de sus más de 25.000 naranjos que adornan toda la urbe, la visita resultará sumamente cautivadora. 

Recorrer Sevilla en coche o en autobús no es de las mejores opciones. Se necesita pasear y vivir sus calles con calma para disfrutar de verdad. 

Con la luz del ocaso la ciudad se transforma y se cubre de un embrujo fascinante

El cansancio se puede combatir fácilmente haciendo un alto en cualquiera de las múltiples terrazas que existen en todo su casco urbano.

La gastronomía es otra de las grandes apuestas para gozar de la capital hispalense. El famoso tapeo se halla presente en cualquiera de sus bares o restaurantes, por algo se la denomina “la cuna del tapeo”.

Sus barrios más famosos, el de Santa Cruz y el de Triana, ambos con muchísimas historias y leyendas descritas con todo lujo de detalles. No dejemos de visitarlos.

Las fiestas populares más arraigadas son las de Semana Santa. Famosa y única en el mundo por sus pasos religiosos, engalanamiento de calles y balcones, y sobre todo por el fervor que profesan todos aquellos que pertenecen a las distintas cofradías que la organizan y por los sevillanos que la viven como algo único. 

La Feria de Abril alborota la ciudad con música, luces, farolillos y gastronomía. Se celebra anualmente y reúne a sevillanos y visitantes en un gran recinto denominado Real de la Feria.

Otro de sus grandes atractivos es transitar a pie o en barco el río al que los árabes llamaron “Al-wadi al-kivir”, actualmente Guadalquivir. Los reflejos del sol en sus aguas, así como contemplar sus puentes, no deja de ser gratificante. Inicialmente el cauce del río transcurría  por sitios actualmente muy poblados y conocidos, como Alameda de Hércules, calle Trajano, la Campana, calle Sierpes y la Plaza Nueva. Pero con el desarrollo de la ciudad el cauce se ha ido desviando hasta el lugar que ahora ocupa. El Guadalquivir dio visibilidad a la ciudad frente al mundo, ya que se trataba de una salida natural al mar para comerciar. 

En cuanto a su oferta hotelera, existen muchos y variados alojamientos, aptos para diferentes bolsillos. Pero nos llama la atención el Hotel Alfonso XIII, encargado por el rey del que toma el nombre con el fin de alojar a dignatarios internacionales durante la Exposición de 1929 y que a día de hoy sigue siendo un lugar de interés cultural emblemático.

No podemos olvidarnos de los tablaos flamencos que, sobre todo por el centro de la ciudad, pueden resultar de lo más atractivo para los visitantes.

Desde aquí os animo a conocer asimismo las enigmáticas sombras que producen sus monumentos y edificios al anochecer reflejados por el efecto de sus faroles. 

Sevilla es el equivalente a embrujo, cultura, sensaciones y alegría. Es imposible describirla con una sola palabra.

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