CARRETERA Y MANTA by Izaskun Zubillaga

    Un road-trip por Estados Unidos, parte Iv:costa oeste de Florida

    Hemos llegado a la última parte del road-trip. Con sentimientos encontrados por terminar este precioso viaje y por, al mismo tiempo, tener ganas de volver a casa, metimos las maletas en los coches y cogimos carretera desde Atlanta rumbo al sur por la costa del Golfo de México. ¿Vienes a descubrir la otra parte de Florida conmigo? 

    Por: Izaskun Zubillaga

    St. Petersburg 

    Aproximadamente 13 horas después de salir de Atlanta llegamos a St. Petersburg, Florida. Aunque es un viaje que se puede hacer en unas 7 horas, los road-trips con un bebé y una perra hay que tomarlos con calma. Lo bueno es que en Estados Unidos hay gasolineras con supermercados enormes (todo es enorme en este país) en los que nos despejábamos asombrándonos con lo que venden y adquiríamos unas bebidas en tamaño gigante. Esto último nos encantaba, pues eligiendo el tamaño del vaso, que es lo que marca el precio, puedes poner la bebida que desees, decidir la cantidad, mezclar y añadir los extras que te apetezca. Por ejemplo, yo solía pedir chocolate caliente (lo hacen con agua así que resulta muy ligero) y le añadía una bebida de avellanas. ¡Tan sencillo y delicioso!

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    Llegamos a St. Petersburg bien entrada la noche, así que fuimos directos al hotel donde teníamos un apartamento para un par de noches. Vuelvo a utilizar la referencia de CSI: Miami, y es que se trataba de un hotel con forma de U de una planta en cuyo centro estaba situada una piscina con mesas y tumbonas. Tanto de noche como de día me vinieron a la mente episodios de la famosa serie de televisión. Además, la distribución del apartamento resultaba cuanto menos, interesante. Te lo explico. La puerta de entrada daba a una habitación amplia con un armario empotrado y una cama de matrimonio. Desde esa habitación, por otra puerta, se accedía al baño del apartamento y, desde el baño, llegábamos a otra habitación con dos camas individuales. Atravesando esta habitación, encontrábamos el salón con una mesa de comedor y la cocina abierta. Sin duda, este apartamento lo recordaremos mucho tiempo entre risas. 

    La mañana siguiente nos la tomamos un poco más relajada que de costumbre. Mientras unos fueron a por un desayuno rico, otros paseamos a Trixie (la perra) y descubrimos la zona. Detrás del hotel, en otra calle, se encuentra la Bahía de Tampa, así que nos sentamos un ratito a disfrutar de las vistas de Tampa y sus hermosas casas. Desayunamos en la piscina, nos dimos un baño y fuimos ver algunas tiendas antes de acercarnos a la playa.

    Primero, fuimos a la playa de perros Pass A Grille para poder disfrutar todos juntos con Trixie de un paseo y un baño. La arena blanca de esta playa es gruesa y el agua cristalina es una gozada. Ahí, estuvimos recolectando conchas de diferentes formas (que luego dejamos) para mostrárselas al bebé, encontramos una estrella de mar aferrada a una concha (qué bonitos son estos recuerdos) y jugamos con Trixie.

    Después, nos turnamos para poder disfrutar de la otra playa con el mismo nombre (Pass A Grille) en la que, sin embargo, no están permitidos los perros, lo que es una auténtica pena porque es una de las playas más hermosas en las que he estado. De arena fina y agua tranquila y cristalina (al igual que la de perros) con una temperatura realmente agradable. Me habría quedado nadando en esas aguas todo el día. Además, viví una de las experiencias más bonitas cuando, mientras nadaba junto a mi padre, pasó un pelícano volando muy cerca de nosotros. ¿No parece sacado de un cuento? Sin duda es una playa a la que me gustaría volver algún día.

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    Comimos en un restaurante cuyas paredes eran ventanales abiertos, lo que nos hizo sentir que estábamos al aire libre. Ahí, además de disfrutar de una deliciosa comida, también aprendimos a jugar a un juego muy típico que consiste en lanzar unos pequeños sacos para introducirlos en unos agujeros de una madera colocada a nivel del suelo. Digamos que no soy muy hábil en el juego, pero fue divertido. 

    Para ver el atardecer, mi hermana nos llevó a la playa de Clearwater, otra de esas playas infinitas en las que no se ven los extremos con sus 35 millas (56km) de punta a punta. Esta, además, ha sido nombrada mejor playa en diferentes ocasiones en los últimos años. Por la noche fuimos a descubrir el pueblo de Clearwater Beach bailando al pasar por bares de los que salía música con la que he crecido, comiendo un delicioso helado artesanal y viendo (o adivinando debido a la oscuridad) pececillos desde el muelle.

    A la mañana siguiente, seguimos nuestra ruta, no sin antes parar a por un buen desayuno (¿se nota que me gusta desayunar?) y disfrutarlo en una zona de descanso en el Skyway Bridge mientras veíamos delfines nadar libremente.

    Key Largo

    Era nuestro último día en los Estados Unidos, así que nos dirigimos hacia Key Largo con la intención de llegar lo más al sur que pudiéramos de la península de Florida. Esto suponía cruzar los Everglades por carreteras con más de 40km sin una sola curva, de dos carriles, (uno para cada sentido) y sin apenas tráfico. Quienes no conducíamos mirábamos ilusionados las inmensas marinas de los Everglades a ambos lados de la carretera intentando divisar algún caimán. 

    Aunque esta ruta normalmente se hace en unas 5 horas, una vez más nos llevó más tiempo. Por ello, comimos por el camino y llegamos a Key Largo para el atardecer. La mayoría de playas de esa zona son privadas, por lo que no se puede acceder a ellas, algo que averiguamos con pena al llegar allí. Finalmente, encontramos una zona con una piscina natural desde la que poder ver nuestro último (impresionante) atardecer de este road-trip. Ahora bien, permíteme darte un consejo en caso de que tengas la oportunidad de disfrutar de este lugar: báñate en repelente de mosquitos antes de ir. Los mosquitos en Key Largo pican sin anestesia, con lo que notamos cada uno de los pinchazos, y sus picaduras me duraron más de un mes. Aun así, mereció la pena.

    Algo que me pareció curioso fue que cuanto más nos acercábamos al sur, más fácil era encontrar comunidades latinas y de indios nativos americanos. 

    Finalmente, esa noche nos alojamos en un hotel cerca de Miami para, al día siguiente, coger el avión de vuelta a España con las maletas llenas de recuerdos y anécdotas.

    Estados Unidos es un país con muchos lugares que quitan el aliento, comida deliciosa y arte por doquier. Y a pesar de que este ha sido mi segundo road-trip por el país y de haber vivido en California, aún me quedan muchos lugares por descubrir. Por supuesto, te lo contaré todo aquí, en la Revista Fetén

    Además, si quieres puedes ver un vídeo resumen de este road-trip que te he ido contando en Carretera y Manta en mis reels de Instagram: @IzaZubillaga

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