Secun de la Rosa: Entrevista exclusiva

    Orígenes humildes y el cine como válvula de escape. Esos son los cimientos de Secun de la Rosa (Barcelona, 1969), que ya de niño quería ser actor, “pero de manera muy fantasiosa”. “También he sido muy imaginativo y tímido, pero fantasioso siempre”. 

    Fotografía 
    Ruben Suárez

    El actor repasa su prolífica trayectoria como actor y director y nos habla del monólogo Las piscinas de la Barceloneta que se representa durante este mes de junio 

    Ya en el colegio era muy creativo. Se apuntaba a todas las funciones extraescolares e iba al cine siempre que podía. “Ese amor por la cultura se lo debo a mis padres, pescadores de profesión, que han trabajado toda la vida. Se iban muy temprano y regresaban tarde después de unas jornadas agotadoras, y aun así tenían tiempo de molestarse en que sus hijos leyesen, viesen películas y tuviesen una educación cultural. Todavía me emociono contándolo”, recuerda. Rememora tardes de auténtico culto acudiendo al cine y deleitarse con lo visto en la gran pantalla: “El cine fue mi salvación. Me encantaba ver cómo en el cine se congregaban todas las gentes y generaciones. Era magia”. Secun era como la vaca que tenía en el cortometraje de Paco León, que irradiaba cuando veía películas: “Totalmente. Soy un poco como Vaca Paloma”. 

    Revista Fetén

    Una vez se decidió a ser actor se mudó a Madrid a formarse y probar suerte. Ya había presenciado la vorágine de los rodajes en una serie de Frances Betriu y en Tacones lejanos de Pedro Almodóvar, donde ejerció de extra. “Era mi máxima adoración, con mi hermano. Con dieciocho años me enteré por Fotogramas que necesitaban figurantes para sus películas y viajé, como mochilero, a formar parte de aquella película. Cosas que ahora ya no se hacen porque toda esa inocencia se ha perdido”. Estudió Interpretación en la escuela de Cristina Rota. “Entonces no tenía ninguna herramienta, nadie de mi mundo se dedicaba al arte, no sabía nada de la vida, pero tenía una base que provenía de mis padres. Pasé de los chavales del barrio a conocer a un grupo cultivado: Antonio de la Torre estudiaba Periodismo, Juan Diego Botto y Malena Alterio tenían padres actores, Pilar Castro y Aitor Merino estaban en la vida de los artistas, etc. Me encontré con gente muy preparada que sabía hacer bien las cosas”. Él aún no había leído a Chejov ni a Tennesse Williams. Tampoco sabía cómo montar una obra de teatro ni actuar ni tenía una ideología clara. “Todo eso me lo dieron Cristina Rota y mis compañeros”, continua. “Me emocionaba mucho el simple hecho de ir a clase y que hubiera gente que tenía los mismos sueños que yo. Aprendía mucho, incluso de mí mismo, a través del simple hecho de analizar y reflexionar sobre obras en clase. Me gustaba tanto que también me metía en todos los talleres de dramaturgia, conocía a los autores y escribía”.

    Secun de la Rosa: Trayectoria, Cine, y el Emocionante Monólogo ‘Las Piscinas de la Barceloneta



    Fotografía 
    Tony Matey

    Revista Fetén: ¿Cuáles eran tus referencias de niño?

    Secun de la Rosa: Eran muy locas, muchas y muy variadas. Un niño, muy de barrio y testigo de una Barcelona tan anárquica… ¡no te quiero ni contar! [risas]. Yo viví la Movida como espectador televisivo, viendo todos esos programas de Televisión Española. De hecho, recuerdo de niño escribir a la entonces directora, Pilar Miró y me contestó muy amable. Le dije que era un niño de 13 años que quería ser actor y que a ver qué podía hacer. Ella me dijo que no podía ayudarme. Me recomendó que me formase y estudiase, como los actores, y que tuviese mucha suerte. Incluso me invitó a ver Televisión Española por dentro, pero no pudo ser. También escribí al Institut del Cinema Català, porque lo vi en las páginas amarillas. Y fíjate, hace poco, antes de la pandemia, me contactó Sergio Mur para participar en un documental por el aniversario de Fotogramas. Leí la carta que les mandé cuando tenía 15 años. Puse que en la revista solo veía a gente guapa y que a ver cuándo sacaban a Terele Pávez que me había gustado mucho en Los Santos Inocentes. Luego acabé haciendo varias películas con ella.

    R.F.: También trabajaste con Juan Diego, que falleció hace un año. Tú fuiste de los últimos directores con los que trabajó. ¿Cómo le recuerdas? 

    S.D.R.: Juan es mi referente. Estaba enamorado de la película. Venía a casa a ensayar, tocábamos la guitarra, se reía muchísimo. Fíjate, me dijo algo de lo que se dio cuenta él y no yo. Para mí la película era muy inocente y naif, pero él me decía: “¿Te has dado cuenta de que, en esta película, casi todos son pobres; de que esta es una película política? Gente que tiene sueños, que no se dedica a esto. Gente a la que pertenece el arte porque saben verlo”. Él tenía conciencia social sobre la película. Incluso me dijo que me estaba adelantando al fabricar una nueva masculinidad: “Hablas de un hombre que prefiere cantar y escuchar a su chica antes que pelear”. Fue maravilloso, creo que todo eso lo decía para animarme y levantarme el ánimo.

    R.F.: Han pasado dos años desde que presentaste la película El Cover, tu estreno como director. ¿Cómo fue dirigir cine?

    S.D.R.: Había luchado tanto y había sido tan “humilde” de esperar a dirigir cuando tuviese mi sitio como actor o hubiese hecho teatro que, cuando acabó el rodaje, odiaba la película. Me pilló en medio de la pandemia porque empezamos en febrero y en marzo se paró el mundo. Dirigir una película es muy difícil. No quería que tuviera vocación de primera película y a la vez que fuese capaz de hacer llegar la magia del cine. Quería una película complicada porque quería jugar a lo social y a lo divertido. Con respecto a mi papel como director tuve que tomar tantas decisiones que, cuando acabé la película, estaba saturado. Conforme pasó el tiempo, fui cogiéndole cariño. Me iba escribiendo gente, diciendo que le gustaba muchísimo la película, se fueron haciendo eco y empezó la repercusión. Todo el mundo se involucró mucho. Le tocó sufrir mucho, pero ahora, poco a poco, cada vez tiene más adeptos. Me ha dado muchas alegrías conforme el público la ha ido recogiendo, pero también muchas tristezas, porque no había dinero para la promoción, se estrenaba en cines con público reducido, etc. Le pasaban cosas buenas, pero a la vez cosas malas. Esto fue muy doloroso.

    Exploramos la carrera y proyectos actuales de Secun de la Rosa, desde sus orígenes humildes hasta el fascinante monólogo teatral que está cautivando al público.


    Fotografía 
    Tony Matey

    R.F.: Siempre has sido multidisciplinar. No solo has actuado, sino también dirigido y escrito obras. ¿Es difícil ser independiente en un oficio tan dependiente?

    S.D.R.: Es complicado y hay muchos peajes a pagar. Lo que me gusta, porque lo siento y lo amo, es ser actor. Me encanta hacer equipo y formar parte de la idea de otro, ser vehículo de la historia de los otros, eso me une a los demás. Cuando dirijo una obra o monto un espectáculo también me considero generoso. Me gusta estar, compartir equipo con los actores, pero tengo mis dudas de que se pueda ser independiente. Además, soy un artista peculiar. Por una parte, es maravilloso porque te permite crear tu propio trabajo en los momentos que tú consideras, pero, por otra parte, creo que esto no ayuda a que un director llame a un actor que también dirige. Puede que tu imagen se desvirtúe porque lo mismo vales para escribir que para actuar y no eres actor al uso. Algún compañero guionista me ha dicho que cómo me iban a llamar si yo también escribía, que les daba pudor. 

    R.F.: ¿La independencia puede hacer que tu imagen se bifurque?

    S.D.R.: Sí, pero, por otro lado, solo hay una vida. Por origen humilde y lo que me costó empezar a trabajar, tuve que picar mucha piedra, por manera de ser, porque el mundo gay no era lo que ahora, incluso por llamarme Secundino. Tuve que hacer tanto para tener mis primeros papeles y por poder ayudar a los míos. Una carrera se basa en todos los noes que dices, pero también está la vida. A veces hago ese mix entre la vida y la carrera. Aunque, tampoco sé si tomarme tan en serio esta profesión y cuando sea viejo arrepentirme de todo lo que no canté y bailé. Cuando cuento estas cosas, la gente siempre me dice: “Ay Secun, si tú que pareces de ahora, de qué estás contando estas batallas de abuela” [risas]. 

    R.F.: Tu carrera en el cine es de lo más diversa. Has trabajado a las órdenes de directores tan dispares… Desde José Luis Cuerda a Los Javis, pasando por Álex de la Iglesia, Trueba o Miguel Bardem. ¿Por qué se han fijado tanto en ti? 

    S.D.R.: ¡No tengo ni idea! [risas]. Ojalá sea porque les gusto. Tengo claro que mi casa es el teatro y puede que venga de ahí, a raíz de haberme visto y no por pruebas, porque yo con las pruebas nunca he conseguido nada. Álex de la Iglesia me vio haciendo un monólogo en el Lara. Los Javis también me conocen por el teatro. Paco León, por supuesto, con todas las cosas que he hecho con él. Lo de Trueba fue como un regalo. David Serrano, que es para mí un hermano… No lo sé. Además, va por rachas: hay una temporada que trabajo mucho con los veteranos y otra en la que me llaman mucho los nuevos. Cada actor tiene su peculiaridad y yo intento ser de verdad. Creo mucho en la verdad. 


    Fotografía 
    Tony Matey

    R.F.: Hace pocas semanas se cumplían dieciocho años de Aida y unas fotos de vuestra reunión se hicieron virales. ¿Qué ha significado para ti?

    S.D.R.: Dieciocho años que empezó y ocho que terminó. Para mí son como mi familia. Nos llevamos tan bien, nos hemos reído tanto juntos, han sido tantos años. Es inaudito que en una serie tan extensa no haya habido idas y venidas. Con el paso de los años nos vemos y nos reencontramos. La suerte de Aida fue que encontramos un equipo con mucho amor compartido por la profesión, por la comedia, con unos directores y guionistas excepcionales, una productora que confió totalmente en una serie super incorrecta, porque todos los personajes son fortísimos: yonquis, prostitutas, gays [risas]. Todo lo que hay detrás es super fuerte. 

    R.F.: Hablemos de futuros proyectos. ¿Qué tienes entre manos que puedas contar?

    S.D.R.: Durante este mes de junio voy a estar en el Teatro Infanta Isabel haciendo un monólogo: Las piscinas de la Barceloneta. Es un texto precioso que me han ayudado muchísimo a trabajarlo. Narra el verano de 1977 de Sebastián Alonso Roca. Habla de las primeras jornadas anarquistas, la primera manifestación LGTBI. Las piscinas de la Barceloneta que acogían a todo el mundo: a anarquistas, gays… Cuenta una historia preciosa y el montaje es muy especial, con vídeos de la época reales que grabó un grupo de gente joven de aquella época. Dar voz a este personaje que lo vivió todo y además poder contarlo desde ahora que ya se puede recordar todo aquello es precioso. Ya la he representado en varias ocasiones, estamos haciendo una gira muy selectiva y están siendo las mejores críticas de mi carrera. Estoy emocionado. ¿Sabes cuando notas que algo nace de casualidad? Porque yo no pensaba que fuera a hacer esta función. La escribí pensando en hacer una película o una serie con ella. Ya me han comprado los derechos, pero primero vamos a disfrutarla en teatro. Me apetece estar en junio por ser el mes del Orgullo. Tengo muchas ganas de reivindicar a aquella gente. Este año va a ser mi año y sí, hay más cosas, pero no me dejan hablar de ello [risas].

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    Iker Elduayen
    Iker Elduayenhttps://linktr.ee/ikerelduayen_
    Mi objetivo en el periodismo será siempre rememorar, porque considero injusto que aquello a lo que tanto quisimos, hoy quede en el olvido. En esta sección, reuniremos a todas esas grandes estrellas del Hollywood del blanco y negro (también del color) que formaron el lujoso star system de Los Ángeles

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