Cuando llegas a Ibiza por primera vez tienes que saber que hay dos grupos de visitantes, los incondicionales de la Isla o bien todo lo contrario, los que no terminan de encajar en este gran destino por el que hoy quiero guiaros.
Por: Marian Pérez
[dropcap]H[/dropcap]ace años, en mi visita inicial, coincidí en una cala recóndita, Cala d’en Serra, con un personaje, que a pesar de los muchos años pasados desde entonces, la conversación mantenida con el no se me olvida.
No recuerdo su nombre, ni su cara, ni su procedencia, pero si la actitud y espíritu que trasmitía. Me dijo que después de viajar por todo el mundo, solo en Ibiza tenía lo que siempre había buscado… aquel día me pareció curioso, actualmente comprendo perfectamente lo que quería decir.
Ahora yo, después de muchos paisajes vividos, a la Isla Pitiusa es donde no me importa volver, por que os diré, confidencialmente, que nunca repito un destino, sin embargo a Ibiza he regresado en muchas ocasiones.
Deseando acudir a la isla de calas blancas, mar mediterráneo azul, verde y turquesa.
Trasparentes aguas, gracias a las praderas submarinas de posidonia.
Los pinares y el sonido de las cigarras es algo que nunca olvido. Creo que es uno de los lugares más bonitos de la tierra. Y no exagero.
Vamos a empezar por el principio.
Llegamos a Eivissa, capital de la Isla y Patrimonio de la Humanidad desde 1999, recorriendo su centro histórico veremos un conjunto arquitectónico de los más importantes del mediterráneo occidental, lleno de callejuelas desiguales con rincones siempre animados y llenos de vida. Nos adentramos en el recinto amurallado de Dalt Vila donde el perfil de la Catedral de Santa María de las Nieves, del siglo Xlll, pero reconstruida en el XVlll, es de estilo barroco y su campanario aparecen en todas las imágenes de la zona. Desde lo alto de las murallas la vista de la bahía se admira con toda su belleza.
Como bella y destacada es la Moda Adlib, que sigue siendo tendencia. Este estilo de prendas, siempre inmaculadamente blancas, mezcla lo más tradicional, con el espíritu hippy. La princesa yugoslava Smilja Mihailovitch fue su impulsora a principios de los años 70.
Blanco y encaje. Sedas y algodones. Ganchillo y bordado
Al llegar la noche y aún con las tiendas abiertas, los cafés, restaurantes, bares y pubs se animan hasta límites insospechados. Los mercadillos y espectáculos callejeros, junto a la variopinta fauna humana que pasea sus cuerpos por la ciudad, hacen sentir una libertad que es difícil encontrar en otras urbes.
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