La Odisea: antes de ser una película, fue un libro

    - Advertisement -

    ​Un viaje de casi tres mil años que acaba de volver a los cines. Y quizá lo mejor que pueda hacer el cine de Christopher Nolan sea conseguir que alguien vuelva a abrir a Homero.

    Suscríbete a revista FETÉN

    Cine, lujo y experiencias únicas.
    Recibe cada número de revista FETÉN directamente en tu bandeja de correo, totalmente gratis.

    SUSCRÍBETE

    Por: Conchi Castañeira

    ​Algunos libros envejecen, pero otros se niegan a hacerlo.

    ​Esta semana he vuelto a tener entre las manos un ejemplar de “La Odisea” que me regaló mi padre cuando yo era pequeña. El libro tiene, aproximadamente, medio siglo. Lleva las huellas del tiempo, una portada que ya no parece nueva, páginas que han pasado por muchas manos y una pequeña etiqueta en su contraportada que enumera algunos de esos títulos que, entonces, alguien decidió que formaban parte de lo que había que leer: “Corazón”, “Don Quijote de la Mancha”, “Vida y poemas de Mío Cid”, “La Ilíada”, “La Odisea”, “María”, “Lazarillo de Tormes”.

    ​Mi padre no necesitó explicarme entonces que aquello era importante. Simplemente me lo regaló.

    ​Y ahora, tantos años después, Christopher Nolan ha conseguido que “La Odisea” vuelva a estar en todas partes.

    Revista FETÉN Junio 2026
    NUEVA EDICIÓN · JUNIO 2026

    Mariela Garriga

    Protagoniza la nueva edición de Revista FETÉN.

    Hoteles con alma, grandes entrevistas, escapadas exclusivas, gastronomía, cultura y experiencias para disfrutar sin prisas.

    Leer la revista

    ​La película llegó a los cines españoles el pasado mes de julio y lleva a la pantalla, con una escala cinematográfica gigantesca, el viaje de Odiseo de regreso a Ítaca después de la Guerra de Troya. Rodada íntegramente con cámaras de película IMAX, la nueva versión convierte el poema atribuido a Homero en una superproducción de 172 minutos.

    ​Y me parece maravilloso.

    ​Pero hay algo que me interesa todavía más.

    «¿Cuántas personas saldrán del cine pensando que acaban de conocer “La Odisea” cuando, en realidad, acaban de conocer una de sus versiones?»

    ​Porque “La Odisea” no nació en Hollywood. Ni siquiera nació en un libro tal y como hoy entendemos un libro.

    ​Nació de la tradición épica griega y quedó vinculada a Homero, igual que “La Ilíada”. Es uno de esos textos que han atravesado siglos, traducciones, interpretaciones y generaciones hasta llegar a nosotros. Y ahí está precisamente su grandeza.

    ​Ulises no empezó con Matt Damon

    ​Para quien no haya abierto nunca el poema, la historia puede parecer sorprendentemente familiar.

    ​Un héroe que quiere regresar a casa. Un viaje que se complica hasta límites imposibles. Una mujer que espera. Dioses que intervienen. Criaturas extraordinarias. Tentaciones. Peligros. Islas. El mar. Y un hombre que, después de luchar durante años, solo quiere volver a Ítaca.

    ​Eso es “La Odisea”.

    ​Pero también es mucho más. Porque detrás de sus cíclopes, sirenas, dioses y monstruos hay una de las grandes historias sobre el deseo de regresar a casa, la identidad, la resistencia, la pérdida y el paso del tiempo.

    ​Quizá por eso sigue funcionando. Quizá por eso Nolan puede coger un poema de hace casi tres mil años y convertirlo en uno de los acontecimientos cinematográficos del verano.

    ​Y sí, Troya existió

    ​Aquí conviene hacer una pequeña parada.

    ​Porque existe una tentación muy humana de pensar que, si una historia aparece en un libro antiguo, ocurrió exactamente como nos la han contado. No.

    “La Odisea” es una obra épica, no un libro de historia. El mundo de Homero mezcla tradición, memoria, mito y ficción. Pero eso no significa que todo aquello surgiera de la nada.

    ​Troya fue una ciudad real. El yacimiento arqueológico de Hisarlik, en la actual Turquía, es identificado de forma general con la antigua Troya. Y la arqueología ha demostrado además la existencia de la poderosa civilización micénica que forma parte del mundo que Homero convirtió después en materia épica.

    ​Lo que no sabemos es si aquella Guerra de Troya sucedió exactamente como la conocemos. No sabemos si hubo un Aquiles como el de los poemas, una Helena como la que nos ha contado la tradición o un caballo de madera esperando junto a las murallas.

    «Porque la historia y la literatura no siempre tienen que caminar por el mismo camino.»

    ​Y precisamente ahí empieza la magia.

    ​Qué pena que dejemos de leer

    ​Y aquí es donde me permito una pequeña reflexión.

    ​Tengo la sensación de que durante mucho tiempo leer era también una manera de querer saber.

    ​Si escuchabas hablar de algo que desconocías, buscabas.

    ​Si alguien mencionaba un personaje, querías saber quién era.

    ​Si una película te descubría una historia, quizá después buscabas el libro.

    ​Y sí, había una especie de vergüenza por no tener cierta cultura general. No porque hubiera que saberlo todo -nadie puede saberlo todo-, sino porque querer saber parecía una virtud.

    ​Hoy vivimos rodeados de información y, paradójicamente, quizá tenemos menos paciencia para buscarla. Todo tiene que estar explicado en treinta segundos. Todo tiene que ser inmediato. Y a veces parece que hasta reconocer que no sabemos algo se ha convertido en motivo de orgullo.

    ​Yo prefiero quedarme con lo contrario. Con la curiosidad. Con ese pequeño clic que se produce cuando algo despierta nuestra atención y pensamos:

    “¿Y esto de dónde viene?”

    ​Y entonces buscamos. Leemos. Preguntamos. Escarbamos. Descubrimos.

    ​Quizá Nolan consiga algo todavía más importante

    ​No me preocupa que alguien conozca “La Odisea” por primera vez gracias a Christopher Nolan. Al contrario. Me parece una noticia estupenda.

    ​Si alguien entra en una sala de cine atraído por Matt Damon, Tom Holland, Zendaya o por la espectacularidad de una película rodada en IMAX y sale preguntándose quién era Homero, qué fue la Guerra de Troya o por qué Penélope lleva miles de años esperando a que su marido regrese a Ítaca, bienvenido sea. Porque quizá después llegue el libro. Quizá alguien abra “La Odisea” por primera vez. Quizá descubra “La Ilíada”. Quizá termine buscando quién fue Homero. Quizá quiera saber qué parte de Troya fue realidad y qué parte pertenece al mito.

    ​Y entonces habrá ocurrido algo extraordinario.

    «El cine habrá conseguido que alguien vuelva a leer.»

    ​Mi padre me regaló este ejemplar cuando yo era pequeña. En aquella colección también estaban “La Ilíada”, “El poema de Mío Cid” y otros títulos que, vistos ahora, parecen una declaración de intenciones: había historias que merecía la pena conocer.

    ​Casi cincuenta años después, sigo teniendo aquellos libros.

    ​Y ahora una película vuelve a poner “La Odisea” en boca de todos. Quizá sea una buena ocasión para volver a abrirla. Porque antes de ser una película de Christopher Nolan, antes de ser Ulises en la pantalla, antes de ser IMAX, efectos especiales y una superproducción de Hollywood…

    La Odisea fue un relato.

    ​Un relato que alguien contó. Alguien escuchó. Alguien escribió. Y que, casi tres mil años después, todavía estamos leyendo.

    ​Y eso sí que es una verdadera odisea.

    Más Articulo

    El otoño se estrena en el sofá: las series que nos van a tener pegados a la pantalla

    De los nuevos misterios de Netflix al regreso de “Slow Horses”, “Reina Roja” y “La edad dorada”. Estas son algunas de las series que...

    DELIA: Campaña solidaria – Cortometraje contra abuso sexual infantil intrafamiliar

    "DELIA", basado en una historia real, con un equipo de primera división. Parte de lo recaudado irá a una asociación especializada en ASI. DELIA , escrito...

    ‘Pero no se lo digas’: una comedia para olvidarse del calor… y no dejar de reír

    Por: Conchi Castañeira El verano madrileño invita a buscar refugios donde el calor quede, aunque solo sea durante un par de horas, al otro lado...

    La nueva pasarela está en las series: cómo la ficción está cambiando la forma de vestir

    Hubo un tiempo en el que las tendencias nacían en las grandes pasarelas de París, Milán o Nueva York. Después llegaban a las revistas...