¿Vivir para trabajar o trabajar para vivir? 

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    Y TÚ,¿QUÉ OPINAS?

    Instagram:@carolinaperez_actriz

    Por: Carolina Pérez

    “Volverán las oscuras golondrinas en tu balcón sus nidos a colgar…” Cómo decía Bécquer. 

    Y así será, porque ¡llega el verano! Sí, llega el calor, los chiringuitos, la canción del verano, las chanclas y las siestas con ventilador. Las vacaciones de los niños donde los padres tiemblan y los profesores celebran por todo lo alto. 

    Sí, ya llega la temporada estival. ¿Playa o montaña? ¿Hotel, camping o casita rural?

    Llevamos trabajando todo el año como hormiguitas pensando en esa quincena donde podremos dormir sin despertador, sentirnos libres, poder disfrutar de la vida sin estrés ni agobios… aunque a veces volvemos agotados de las vacaciones y necesitamos unos días de aclimatarnos de vuelta al trabajo.

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    Cómo os estaba diciendo, todo el año preparando  ese viaje soñado, esa quincena para correr a la costa y plantar la toalla cerca del mar. Realmente se hacen cortas, necesitamos más días libres, no sentirnos esclavos de nuestros trabajos.

    Trabajar para vivir y no vivir para trabajar. Ahora se lleva el teletrabajo, y eso tiene sus pros y sus contras, como todo en la vida. Pero también te aísla un poco por no ver a tus queridos compañeros, ¿queridos? Bueno, el ambiente de trabajo ya sabemos que es un mundo aparte. Puede ser un edén o una tortura diaria si tienes un jefe o jefa un poquito insoportable.

    Llega agosto y las ciudades se vacían, y viajas con toda tu familia soñando con unos días idílicos; hasta que estás apretujado en un atasco, o te ves en una piscina comunitaria llena de niños que salpican y ponen reguetón a todo volumen, tu suegra a tu lado haciéndote saber que todo lo que hagas le molesta, tus hijos adolescentes metiendo su nariz en pantallas horas y horas, lo mismo que si estuvieran en su cuarto en invierno. Tu pareja y tú pasando demasiado tiempo juntos, gastando pastizales en ocio, porque para eso estáis de vacaciones -rojos como gambas por el sol- y subiendo fotos a las redes sociales para dar envidia al personal y a tu cuñada, haciendo postureo máximo. El paseo marítimo, comprando en los chiringuitos recuerdos para toda la familia. Nos ponemos todo tipo de pulseras hippies y colgantes con piedras o conchitas de mar. Y nos prometemos a nosotros que no volveremos a caer en la rutina, que queremos seguir sintiéndonos libres, que cuando lleguemos a nuestro hogar no nos apalancaremos en el sofá y haremos excursiones y no estaremos todos los fines de semana en un centro comercial…y la pulsera tobillera es un recuerdo de que así queremos permanecer. 

    Fantaseamos con un cambio de vida, vender todo y comprar una casita playera, o montar un complejo rural lejos del mundanal ruido. Y soñamos despiertos con otra vida. Hasta que llega el viaje de vuelta y volvemos morenos y creyendo que esta vez sí, que esta vez la rutina no nos vencerá. Pero el despertador suena y todo vuelve a la triste monotonía, el moreno de tu piel se va yendo al igual que tu espíritu libre. Y vuelves al centro comercial a pasar un sábado por la tarde.

    Verano, querido verano. Quien pudiera vivirte como cuando éramos niños.

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