La delgadez extrema no es salud

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    Cuando confundimos cuidarse con castigarse

    Por Conchi Castañeira

    Las tendencias vuelven. También las más peligrosas.

    Después de años hablando de aceptación, bienestar y diversidad corporal, las alfombras rojas y las redes sociales vuelven a llenarse de cuerpos extremadamente delgados que se presentan como un nuevo ideal de belleza. Rostros afilados, clavículas marcadas, brazos sin fuerza, cuerpos reducidos prácticamente a hueso y pellejo. Y lo más preocupante no es solo verlo. Lo preocupante es escuchar cómo se aplaude.

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    “Qué estupenda está.”
    “Cómo se conserva.”
    “Quién pillara ese cuerpo a su edad.”

    Y quizá ha llegado el momento de empezar a decir otra cosa.

    Porque no, eso no es salud. Y tampoco debería ser aspiracional.

    Durante años se habló del heroin chic de los años 90, una estética que convirtió la extrema delgadez en símbolo de sofisticación. Parecía una etapa superada. Habíamos entendido que el cuerpo no debía castigarse para resultar válido. Que cuidarse no era desaparecer. Que cumplir años no tenía nada que ver con intentar borrar el cuerpo a cualquier precio.

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    Pero algo está ocurriendo otra vez.

    No quiero entrar en medicamentos ni en marcas concretas. Existen tratamientos médicos que pueden ayudar a personas con obesidad o problemas de salud a alcanzar un normopeso saludable, y eso es completamente legítimo. El problema empieza cuando el objetivo deja de ser la salud y pasa a ser la obsesión.

    Porque una cosa es cuidarse y otra muy distinta perseguir una delgadez extrema que el propio cuerpo no puede sostener de manera saludable.

    Y ahí es donde muchas veces también fallamos los medios de comunicación.

    Hemos normalizado comentar ciertos cuerpos con admiración automática, especialmente cuando hablamos de mujeres mayores de 50 o 60 años. Como si envejecer fuese algo que hubiera que combatir. Como si hacerse mayor con dignidad, autoestima y salud no fuese suficiente. Como si la única manera de “conservarse bien” fuese borrar cualquier rastro natural del paso del tiempo.

    Y precisamente por eso, en FETÉN siempre hemos intentado posicionarnos lejos de ese discurso. Hace años defendimos algo tan simple como vestir una talla 54 en una de nuestras portadas, después de que hubiera firmas que se negaran a vestirla por considerarla “gorda”. Y sí, utilizo la palabra porque sigue existiendo un problema enorme con ella. Con cómo se mira, cómo se juzga y cómo se señala el cuerpo de las mujeres.

    Pero el cuerpo necesita fuerza.
    Necesita músculo.
    Necesita energía.
    Necesita sostenernos.

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    A medida que cumplimos años, precisamente lo importante debería ser mantener movilidad, vitalidad y salud física. Trabajar el músculo, cuidar los huesos, proteger la energía del cuerpo que va a acompañarnos toda la vida.

    Porque el cuerpo no es un escaparate. Es el vehículo que nos sostiene.

    Y sin embargo, estamos viendo cuerpos que distan muchísimo de esa idea de bienestar. Cuerpos sin fuerza, sin volumen, sin estructura. Cuerpos donde ya no existe firmeza porque directamente no queda de dónde sostenerla. Es literalmente un esqueleto cubierto por pellejo. Y decirlo no es crueldad; es dejar de romantizar algo que no debería romantizarse.

    Porque para alcanzar ciertos niveles de delgadez extrema no nos engañemos: no basta con un tratamiento, una rutina o un cuidado puntual. Hay restricción. Hay castigo. Hay una relación poco sana con el cuerpo.

    Y eso no debería venderse como éxito.

    Quizá el verdadero lujo hoy no sea parecer eternamente joven. Quizá el verdadero lujo sea llegar a los 60 con salud, con autoestima, con fuerza y con paz mental. Poder viajar, moverte, disfrutar, sentirte bien dentro de tu cuerpo sin vivir en guerra constante contra él.

    Y también vivir. Vivir de verdad. Disfrutar de una conversación alrededor de una mesa, de una comida, de un viaje, de los momentos compartidos. Porque eso también es cuidarse. Eso también es bienestar.

    Hay una diferencia enorme entre estar delgada y tener un normopeso saludable. Y llevamos demasiado tiempo confundiendo ambos conceptos.

    La delgadez extrema no es bienestar.
    No es equilibrio.
    Y desde luego, no debería ser el nuevo canon al que volver.

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