Por: Conchi Castañeira
Fotos: ImanolTA
El Palacio Tondón es uno de esos hoteles que dejan huella. Lo descubrimos hace ya algunas ediciones en FETÉN, cuando ocupó nuestras páginas como uno de esos alojamientos con alma, capaces de reunir arquitectura, paisaje y gastronomía en un mismo latido.
Situado en Briñas, en un recodo privilegiado a orillas del río Ebro, este enclave riojano ofrece ese equilibrio tan difícil entre calma, tradición y un entorno natural que conquista en cualquier estación.
Hoy regresamos a él para detenernos en uno de sus tesoros mejor guardados: su restaurante Gran Reserva, un espacio que honra la cocina riojana desde el respeto absoluto al territorio.
Si deseas descubrir aún más detalles sobre la historia, arquitectura y esencia del Palacio Tondón, hemos preparado un reportaje especial que profundiza en su vínculo con el territorio y en por qué se ha convertido en uno de los grandes referentes para comer en Briñas. Puedes leerlo aquí: más sobre el Palacio Tondón.
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La esencia gastronómica de un paisaje
La Rioja es un territorio donde la cocina se escribe con raíces. Productos de proximidad, verduras que nacen junto a los ríos, carnes que cuentan historias de sierra y pasto, guisos que perfuman la memoria y un recetario que mantiene vivo el legado de generaciones.
En Gran Reserva todo esto se reivindica con una mirada actual pero profundamente honesta. Su propuesta gira en torno al kilómetro cero, a la temporalidad de los ingredientes y a esa forma de cocinar “de verdad”, donde cada plato es un homenaje al sabor de siempre llevado a una ejecución precisa y contemporánea.
Desde las verduras de la huerta riojana, como su puerro de la huerta con escalivada y almendra frita, o la flor de alcachofa trufada con cigala, hasta elaboraciones que recuerdan a la cocina más tradicional, como los caparrones de Anguiano o el impecable lingote de bacalao confitado sobre fritada riojana, el restaurante hace de su carta un pequeño mapa del territorio.
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El jarrete: el otoño servido en un plato
Con la llegada del frío, los fogones de Gran Reserva encuentran su máxima expresión.
Este año, el protagonista absoluto es el jarrete de ciervo, una receta que resume a la perfección lo que significa cocinar desde el paisaje.
Guisado a fuego lento y acompañado de un aligot cremoso y frutos rojos, el plato combina la intensidad de la caza con la delicadeza de una técnica afinada y una presentación que respira elegancia.
Es un bocado que huele a otoño riojano: a viñedos ocre, a madera húmeda, a tradición.
El jarrete es una declaración de intenciones. La voluntad de Gran Reserva de mirar a la cocina local con respeto, pero sin renunciar a una estética cuidada y a una elaboración equilibrada.

Un final dulce con sello riojano
Para cerrar la experiencia, los postres mantienen ese equilibrio entre tradición y refinamiento que define al restaurante.
El Bizcocho de miel de La Rioja, acompañado de su crema de nuez caramelizada y helado de leche del día, es un guiño directo a los sabores de siempre.
Y el Chocolate y vino, servido con helado de mantecado de vainilla, es un acierto: intenso y con ese aroma inconfundible al vino de la tierra que redondea la comida sin resultar pesado.

Un restaurante para saborear La Rioja desde dentro
Ubicado con vistas al río y una de las terrazas más especiales de la zona, Gran Reserva ofrece un recorrido gastronómico que va más allá del gusto.
Su bodega, cuidada al detalle, recorre las referencias esenciales de la D.O.Ca Rioja, seleccionadas para potenciar cada plato y reforzar la experiencia enológica que define al Palacio Tondón.
La carta viaja por temporadas y se renueva con cada estación, manteniendo siempre ese estilo reconocible: cocina de producto, técnica depurada y un profundo respeto por la tradición regional reinterpretada con sutileza.
Platos como el solomillo a la brasa con salsa de vermouth reserva, o el sorprendente rape negro con gulisos riojanos, muestran cómo la cocina del territorio también puede ser audaz sin perder identidad.
Un referente que vuelve a FETÉN
Con este nuevo artículo, volvemos a poner el foco en un lugar que nos encanta: el Palacio Tondón y su Restaurante Gran Reserva, un imprescindible para quienes buscan vivir La Rioja de manera sensorial, pausada y auténtica.
La esencia del territorio, el sabor de la proximidad y la magia de un enclave único vuelven a encontrarse aquí para recordarnos que hay sitios donde la gastronomía no solo se disfruta… se siente.


















