RITUAL

Nahia entre Candilejas

Esta tarde he visto un grupo de niños, niñas, padres y madres saltando por la calle y coreando a voz en grito: ¡TEATRO, TEATRO, VAMOS AL TEATRO!

Con esto debería bastar para esta publicación. 

Fin. Felicidad absoluta. 

Y ahora…sigo un poco. Sigo con mi cruzada personal – que no única – de crear público entusiasta. 

Que el acontecimiento familiar del día sea ir al teatro. 

Revista Fetén Nº 1

Nahia Laiz “Nahia entre Candilejas”

¿Y cómo? ¡No lo sé! ¡Yendo! 

Como con todo en la vida (excepto las drogas, babies) hay que ir probando, descartando, dejándose remover. 

A mí tampoco me gustaba el pescado de pequeña y a base de probar, de vivir sola cocinando fatal, de empezar a salir a comer y a cenar fuera y atreverme a pedir pescado “por probar” me terminó encantando. No todo, no siempre, ni siquiera a veces el que cocino yo misma. 

Pero hay que probar, descartar, generar criterio propio y no quedarse con el primer panga empanado, amargo y mal frito que nos den. 

Los sentidos, como el paladar, se van educando, afinando y expandiendo. 

Podemos hacerlo desde pequeñas, si tenemos la suerte de que alguien nos lleve al teatro o nos ponga un plato de pescado delante…aunque nos quejemos. 

Podemos también hacerlo de más mayores. No hay edad. Nunca es tarde y – ¡noticia! – para esto nunca es demasiado pronto. 

El teatro puede ser un ritual hermoso o doloroso, pero que sin duda merece la pena 

Hay verdaderas maravillas y verdaderas catástrofes en cartelera. Tanto para público infantil como para público adulto. 

Las obras, además, no tiene edad recomendada. 

A lo peor pasamos un rato algo aburrido, pero siempre habrá ocasión de compartir sensaciones y transmitir conocimiento y este es el gran regalo que siempre, sí o sí, nos hace el teatro. No como el pescado…que comer uno en mal estado nos puede llevar a la muerte. 

Nahia Laiz en “Nahia entre candilejas”

El teatro no. Es incluso menos nocivo que el pescado en este sentido. Si vemos una obra terrible un día, y otro, y otro, no pasa absolutamente nada. 

Eso sí, no todos los bolsillos están para gastar en entradas una y otra vez y seguir probando (podríais decir). Pero hay ofertas, salas baratas, butacas de menor precio en las filas más elevadas o de peor visibilidad de los grandes teatros. 

Y no nos cuesta más que esas compras en grandes almacenes del “fast fashion” que no necesitamos para llenar un hueco que no tenemos en el armario. 

¡Ojo! Tampoco estoy planteando que haya que ir todos los días y verlo todo. Quizás, simplemente, puedas cambiar una de las salidas mensuales al acopio de ropa barata en bolsas gigantescas por una entrada al teatro para toda la familia. 

Y así ir creando un nuevo hábito. 

Conozco gente que no ha ido al teatro durante su juventud y que ahora disfrutan sobre manera de esos momentos teatrales, sin tener en cuenta si la obra ha gustado o no. 

Revista Fetén

Simplemente disfrutan (disfrutamos) del rito que supone estar ahí, organizarse para ir, comentar después, criticar incluso o expandir pasión si salimos reconfortadas. 

Como seres gregarios que somos, necesitamos los rituales. 

Yo amo los rituales. Amo las bodas, los entierros, los nacimientos, los cumpleaños, los momentos cotidianos que ya son parte de mis rituales diarios. No me importa la manera en la que se celebre o cómo cada quien crea que quiere hacerlo – amo por encima de todo la creatividad en estos ritos-. Lo importante es estar todos a una. Y eso es otro regalo incondicional que nos hace el teatro. 

Y ojo, ritual no es sinónimo de rutina. 

Es dotar a cada momento de un valor especial. Hermoso o doloroso (como un nacimiento o una despedida) da igual. Lo importante es que es compartido. 

Como comer. Comer puede ser un ritual o simplemente un acto mecánico para dar combustible al cuerpo. Pero si lo hacemos con sentido, y mejor si es bien acompañadas, no sólo se nutre el cuerpo sino también el alma. 

Ritual, para mí, es la nutrición de las almas – entiéndase por almas, las emociones o los sentidos-. 

Y así el teatro puede ser un ritual hermoso o doloroso, pero que sin duda merece la pena. 

Como para todo, es nuestra capacidad de dotar de sentido al momento lo que lo llena de valor. 

Si además esto se lo inculcamos a nuestros hijos e hijas con entusiasmo (insisto, el rito de ir, aunque quizás luego no nos guste lo que veamos) es un regalo que les hacemos, sí o sí, para toda la vida. 

Nahia Laiz
Nahia Laizhttp://nahialaiz.es/
GRACIAS. Es la mejor palabra que se me ocurre para comenzar este texto. Hablar con Conchi e Imanol sobre su proyecto de Icruceros, sobre su visión de la vida, del cine y del teatro, es un regalo. COLABORAR CON ELLOS EN ESTA SECCIÓN ES UNA ILUSIÓN CUMPLIDA. Soy actriz de profesión y de corazón, aunque además de crear personajes – dispares, por suerte – una de mis pasiones y fuente de expresión más íntima siempre ha sido la escritura.

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