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    Pedro Ruiz: “Yo paso de mí mucho más de lo que parece. Esa es mi libertad”

    Pedro Ruiz, poeta que hace piruetas como a él le gusta definirse, se encuentra en plena gira con su espectáculo “Mi vida es una anécdota”. En esta entrevista exclusiva, hablamos con él sobre su larga trayectoria profesional, sus pensamientos diarios sin filtros y su visión sobre el futuro de la televisión en esta era de nuevas generaciones. Pero sobre todo, escuchar a Pedro es hacernos pensar.

    Fotografía:Ricardo Arranz
    Hotel InterContinental Madrid

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    Revista Fetén: Pedro, tu gira “Mi vida es una anécdota” está siendo todo un éxito. ¿Qué te inspiró a crear este espectáculo y qué es lo que más disfrutas al compartirlo con el público?

    Pedro Ruiz: Donde podemos actuar sí que está siendo un éxito, porque hay sitios en los que no puedo actuar porque no me dejan. También decía que la vida es tan corta que no da tiempo para ser amateur. Yo vengo averiguando ya con bastante convicción que cuanto menos importancia das a las cosas, más libre eres. Al revés es lo contrario. Cuanto más te rodeas de parafernalia más prisionero eres de tu propia estupidez. Porque has vuelto tonto. El hombre no tiene tiempo de aprender. Convendrá que no nos creamos ni el centro del universo ni de la historia.

    R.F.: A lo largo de tu carrera, has sido conocido por tus comentarios sinceros y a menudo políticamente incorrectos. ¿Cómo manejas las críticas y cuál crees que es el papel del humor en la sociedad actual?

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    P.R.: Yo no me siento humorista de vocación, es un trozo de mis masticaciones creativas. Me siento poeta, soy un poeta que hace piruetas y que ha hecho y sigue haciendo espectáculos de humor. Siempre he creído que el humor es la forma menos suicida de decir las cosas. Y ahora también transito un territorio que es el de no querer tener razón, porque eso te libera mucho. Convencer a los demás es pesadísimo e inútil.

    “No hay diferencia entre la televisión y el circo romano.
    Es lo mismo. El que maneja el circo le pone precio al pan.”

    R.F.: Entonces, ¿te desnudas un poco en ese espectáculo delante del público?

    P.R.: Yo es que no le tengo miedo a eso. Porque creo que en la vida no tenemos tiempo.

    R.F.: Has trabajado en televisión durante décadas. ¿Qué cambios más significativos has observado en la industria desde tus inicios hasta ahora?

    P.R.: Yo lo matizaría. He estado doce años prohibido en tiempo de Franco; he hecho dos pequeñas temporadas de “Como Pedro por su casa”, siete programas de diez; he estado nueve años sin trabajar en tiempo de Felipe González. Y ahora llevo veinticinco sin poder acceder a la televisión a trabajar. He hecho un programa este pasado diciembre, una oportunidad única y no soy un habitual, porque las televisiones públicas son las que me interesan, las privadas manejan demasiado deterioro. En el “planetita” todas las televisiones públicas funcionan con tres vectores que nunca cambian y que son: Goebbels, Kafka y Al Capone. Es decir, doctrina, confusión y negocio o trinque. Si no estás en uno de esos clubes eres un sospechoso. Y no lo digo denunciando, yo lo tengo muy asumido. De vez en cuando te permiten aparecer en el escaparate pero eres sospechoso. Si uno quiere ser personaje fijo en las televisiones públicas debe aprender dos frases. La primera es: “Sí señor” y la segunda es: “¿Con quién hay que repartir?”

    R.F.: En una era dominada por las redes sociales y la inmediatez de la información, ¿cómo ves el futuro de la televisión tradicional? ¿Crees que puede adaptarse a las nuevas generaciones?

    P.R.: La televisión es un instrumento del sistema. No añadiría nada más. La televisión y los medios, las redes… Es el momento que estamos ahora y que dentro de dos mil años será otro. Consecuentemente yo creo que el plan del sistema siempre ha sido el mismo: arrollar. No hay diferencia entre la televisión y el circo romano. Es lo mismo. El que maneja el circo le pone precio al pan. La finalidad es aturdir para que nadie piense ni se equivoque por sí mismo sino que se equivoque en grupo, generando necesidades y servidumbres absolutamente injustificables. Cuando naces lo haces sin saber que eres nadie.

    R.F.: La autenticidad parece una parte clave de tu personalidad pública. ¿Cómo logras mantenerte fiel a ti mismo en un medio que a menudo exige conformidad?

    P.R.: Es mi forma de respirar, no tengo otra, aunque sea auténticamente equivocada. Yo no tengo pretensión ni de tener razón ni de convencer a nadie porque procuro atender a distintos más sinceros porque no quiero dormir a disgusto en mi piel. Y creo que una parte muy importante de mi salud procede de ahí.

    “Nos estamos volviendo todos cada día más tontos, cada día presumimos más de lo accesorio y escondemos más lo esencial. Supongo que el negocio del sistema va por ahí.”

    R.F.: Memoria, inteligencia y voluntad. Comentabas que a ti nunca te han preguntado esto, ¿la memoria no cuenta tanto cuando no hay voluntad?

    P.R.: Voluntad sin voluntad no vale nada para nada. El lenguaje de mi madre sería coraje. Se puede tener mucha memoria y poca clarividencia. En cuanto a memoria histórica yo respeto mucho las desgracias injustas que han padecido las personas. Y creo que en el punto en que estamos hablando en España todos los que tienen seres no encontrados tienen el derecho de encontrarlos y dicho esto, la historia siempre la escriben los ganadores. A mí, dicho de una manera muy vulgar, la historia me parece un lago lleno de polvos y ambiciones. Y siempre detrás hay dinero, las guerras son dinero, las patrias no existen. Para mí la única patria es la infancia. Y las patrias son negocios que organizan unos que nunca van a la trinchera. Yo no milito en nada ni siquiera en mí, me pongo en duda a pesar de la aparente seguridad que aparento a veces. Jugamos a definir épocas a base de solo etiquetas. Esta sociedad es estúpida toda ella todo el rato.

    Dice Machado: “Solo canta el que no camina”. Y así voy yo también por la vida.

    R.F.: Últimos proyectos?

    P.R.: Acabo también de sacar una canción de las muchas que he compuesto. Sigo en la brecha componiendo y escribiendo y voy a publicar libros y espero ampliar la gira de teatro. Estoy empezando y no lo digo en broma. Esto no es un eslogan: el que no sabe qué está empezando es que está muerto.

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