Por: Conchi Castañeira
Este verano me ocurrió algo que, por un momento, me hizo desconfiar de una reserva que había realizado con total normalidad. Había contratado un hotel a través de Booking, con una modalidad de pago en el propio alojamiento a la llegada. La reserva incluía alojamiento y desayuno y, en principio, no tenía que hacer ningún desembolso antes de presentarme allí.
Sin embargo, recibí un mensaje por WhatsApp en el que me comunicaban que debía realizar el pago antes de viajar. El mensaje me llamó la atención inmediatamente. ¿Por qué tenía que pagar por adelantado si las condiciones de mi reserva indicaban que abonaría la estancia en el hotel?
Algo no encajaba. No pulsé ningún enlace, bloqueé el número y reporté el mensaje.
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En aquel momento lo interpreté como un intento de estafa. Después, hablando con la responsable de marketing de una cadena hotelera, me comentó que llevaban meses conviviendo con este tipo de problemas. Me explicó que estaban dedicando buena parte del verano a combatir estos intentos de fraude y a gestionar sus consecuencias.
Entonces comprendí que lo que me había ocurrido no era un caso aislado, sino parte de un fenómeno que está poniendo en alerta tanto a los viajeros como al sector turístico.
Se llama phishing y, en el mundo de las reservas hoteleras, está adquiriendo formas cada vez más sofisticadas.
Cuando los delincuentes conocen tu reserva
El procedimiento es tan sencillo como inquietante. Una persona realiza una reserva en una plataforma de alojamiento y, días o semanas después, recibe un mensaje que parece proceder del hotel o de la propia plataforma. Puede llegar por correo electrónico, por la mensajería interna de la aplicación o directamente por WhatsApp.
El mensaje suele advertir de un supuesto problema con el pago, pedir una verificación de los datos bancarios o solicitar que se confirme la reserva mediante un enlace. En ocasiones, incluso amenaza con cancelar la estancia si no se realiza la operación en un plazo determinado.
Lo verdaderamente preocupante es que el mensaje puede incluir información auténtica: el nombre del establecimiento, las fechas de entrada y salida, el nombre del huésped o el número de reserva. Esos datos hacen que la comunicación parezca legítima y reducen las sospechas del viajero.
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¿Cómo consiguen esa información?
Una de las vías detectadas consiste en acceder de forma fraudulenta a las cuentas de los alojamientos en las plataformas de reservas. Los delincuentes utilizan técnicas de phishing para obtener las credenciales de los establecimientos y, una vez dentro, pueden consultar información de las reservas y contactar con sus clientes.
No siempre significa que la plataforma haya sido hackeada en sus sistemas centrales. A veces el acceso se produce a través de las cuentas de los propios alojamientos. También se han documentado incidentes de seguridad que han afectado a información de reservas en las propias plataformas. Son situaciones diferentes, pero pueden terminar exponiendo al viajero a intentos de fraude.
Booking y las alertas de seguridad
El problema ha adquirido tal dimensión que distintas autoridades han publicado advertencias específicas. En febrero y junio de 2026, la Agencia de Ciberseguridad de Cataluña alertó de campañas en las que los estafadores suplantaban a establecimientos turísticos y utilizaban datos reales de reservas para solicitar pagos o información bancaria.
En abril, Booking.com confirmó que terceros no autorizados habían podido acceder a información vinculada a determinadas reservas. La compañía comunicó que había tomado medidas para contener el incidente y que los datos potencialmente afectados podían incluir nombres, teléfonos, correos electrónicos y detalles de las estancias. Aseguró que no se había accedido a información financiera.
La preocupación no es menor. Según datos publicados por El País en septiembre de 2026, Booking aseguró haber bloqueado 14 millones de intentos de transacciones fraudulentas en todo el mundo durante 2025. Una cifra que da una idea de la dimensión que está alcanzando este tipo de amenazas en el turismo digital.
Los hoteles también están pagando las consecuencias
Hay una parte de este problema que merece especial atención: los establecimientos hoteleros también son víctimas de estos ataques y están sufriendo sus consecuencias.
La responsable de marketing de una cadena hotelera me trasladaba precisamente esa preocupación. Llevan meses intentando combatir estas prácticas, con el esfuerzo que supone estar pendientes de posibles incidencias, atender las consultas de los huéspedes y evitar que los clientes caigan en el engaño.
Y el perjuicio va mucho más allá de una posible pérdida económica directa.
Imaginemos que un cliente recibe un mensaje fraudulento en nombre del hotel donde ha reservado. Aunque el establecimiento no haya participado en el engaño, es probable que su primera reacción sea desconfiar del alojamiento. Puede llamar para comprobar si la comunicación es auténtica, modificar o cancelar una reserva, presentar una reclamación o incluso decidir que no volverá a contratar con ese establecimiento.
A eso hay que añadir el tiempo que los equipos de recepción, reservas y atención al cliente deben dedicar a explicar lo sucedido, tranquilizar a los huéspedes y gestionar cada incidencia. También los recursos que los hoteles necesitan invertir en prevención, protección de sus sistemas y formación de sus empleados.
Y existe un daño especialmente delicado: el de la reputación. Un hotel puede haber trabajado durante años para construir una relación de confianza con sus clientes y encontrarse de pronto teniendo que responder por un mensaje que nunca ha enviado.
Por eso es importante entender que no estamos ante un problema exclusivo de las plataformas de reservas. Los establecimientos, las cadenas hoteleras y los viajeros forman parte de un mismo ecosistema digital y todos pueden salir perjudicados.
La colaboración entre plataformas y alojamientos, la protección de las cuentas y una comunicación clara con los huéspedes son fundamentales para frenar estas prácticas.

Cinco precauciones antes de pagar
La primera regla es sencilla: no te fíes de un mensaje solo porque incluya los datos correctos de tu reserva. Que conozcan el hotel y las fechas de tu estancia no demuestra que quien escribe sea realmente el establecimiento.
Conviene tener presentes algunas recomendaciones:
- Comprueba las condiciones originales de tu reserva. Si figura que pagarás en el alojamiento, desconfía de cualquier petición inesperada de pago anticipado.
- No pulses enlaces recibidos por WhatsApp, SMS o correo electrónico para verificar una reserva o introducir datos bancarios.
- Contacta directamente con el hotel utilizando el teléfono o la dirección de correo de su página oficial.
- Consulta tu reserva desde la aplicación o la web oficial de la plataforma, accediendo por tus propios medios.
- Si has facilitado datos bancarios, contacta inmediatamente con tu banco para bloquear la tarjeta y evitar operaciones no autorizadas.
También es importante guardar capturas del mensaje y comunicar el intento de fraude a la plataforma y a los canales correspondientes.
La confianza también forma parte del viaje
Reservar un hotel por internet nos ha facilitado muchísimo la vida. Podemos comparar establecimientos, consultar opiniones, elegir habitaciones y organizar una escapada desde el teléfono, en cuestión de minutos. Es una comodidad a la que nos hemos acostumbrado y de la que difícilmente vamos a prescindir.
En mi caso, sigo reservando con Booking. No considero que un intento de fraude deba llevarnos a renunciar a una herramienta que utilizo y que me resulta práctica. Pero sí creo que debemos conocer los riesgos y exigir que la seguridad sea una prioridad para todos los implicados.
Mi experiencia este verano terminó en un simple bloqueo y una notificación de fraude. No hubo pérdida económica, pero sí una pregunta que me quedó rondando: ¿cómo es posible que alguien conozca los detalles de una reserva y pueda utilizarlos para intentar engañar a quien la ha realizado?
No se trata de dejar de reservar online ni de desconfiar de todos los hoteles o plataformas. Se trata de entender que la seguridad digital ya forma parte de la experiencia de viajar.
Porque una reserva debería permitirnos pensar en el destino, preparar la maleta y disfrutar de la ilusión de los días que tenemos por delante. No obligarnos a preguntarnos si el próximo mensaje que recibamos será realmente del hotel en el que hemos reservado.
Y, sobre todo, conviene recordar algo: que un mensaje conozca tu reserva no significa que sea de fiar.










